La primera y la última vez que sufrí violencia de género #NiUnaMenos

La primera vez (2001):
Tenía 12 años, iba con mi mamá pasando por “la pará del tonto” en pleno centro de Concepción. Un viejo roñoso, se me acercó y me dijo “qué no haría yo con esas piernecitas, tan ricas”. Yo medía casi lo mismo que ahora y practicaba atletismo y natación. Andaba con shorts. Mi mamá atinó a decirle “sal de aquí, mugriento”, y caminó más rápido (porque yo ya era más alta que ella). Sentí miedo.

La última vez (2016):
Fue hace unas dos semanas, cuando iba subiendo las escaleras del metro a eso de las 9.20 de la mañana. Llevaba un vestido puesto, y panties oscuras. Sentí una mano meterse por debajo del vestido, y luego el roce de los dedos siendo interrumpidos por otro brazo. “¡Saca la mano de ahí, animal!”, gritó un hombre, que le tomó la muñeca al tipo que me intentó tocar. Apenas me di cuenta, pero me giré y el hombre que evitó que me tocaran me dijo “¿estay bien? ¿Te alcanzó a agarrar?”. Para ese momento, el “tocador” ya se había adelantado entre la multitud de la hora punta y no logré verle la cara. Sentí mucha rabia.

Muchos deben estar chatos del tema, pero nosotras no. Todas, TODAS las mujeres hemos sufrido violencia de género, acoso callejero o discriminación y no es algo que debamos acallar.

Entre la primera y la última vez, han pasado 15 años. Y durante esos quince años he vivido muchos otros episodios de violencia de género.
Cuando mis compañeros de curso (y el profe jefe) dijeron que no podía ser una buena presidenta de curso por ser “mina”.
Cuando me mandaban a la cocina cada vez que jugaba online y escuchaban mi voz.
Cuando fui a comprarme baquetas y me dijeron que sólo los hombres tocan batería.
Cuando en un trabajo me dijeron que era difícil que las mujeres fueran buenas líderes.
Cuando un pololo me hacía show por la ropa que quería ponerme, y me obligaba a tener relaciones cuando él quería.
Cuando me dicen “marimacho” porque sé prender el fuego de las parrilas para el asado (?¿)
Cuando me dicen “feminazi” cada vez que converso de este tema.

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Yo sé que hay muchos que están chatos. Pero es porque tienen una falta de empatía y estrechez de mente enorme. Me cuesta articular las ideas en este tema porque para mí resulta tan incoherente que se siga matando a mujeres, violando a mujeres, abusando de mujeres. Que estemos en 2016 y aún hayan chistes machistas, que aún se destaque a las mujeres por cómo se ven y no por sus capacidades. Es incoherente que busquemos el desarrollo, pero aún no haya opción de aborto (incluso en casos de peligro) o que se nos trate de “fáciles, putas, maracas” por vivir como queremos nuestra vida sexual.

Me tiene chata que aún haya misoginia. Estoy chata de que el sistema no funcione si hay violencia en la familia. Me violenta el traductor Ladysoft, que ante cualquier emoción o sentimiento que puedo experimentar en forma legítima, me pregunten si ando con la regla. Que si me maquillo es porque tengo una cita o si me arreglo es porque quiero impresionar a algún chiquillo.

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No suelo referirme a este tema porque en el último tiempo me ha tenido súper angustiada. Sobre todo con los últimos dos casos mediáticos (la niña de Coyhaique y la chica en Argentina), pero sí puedo decirles una cosa: no se queden en silencio. Si te dicen algo en la calle, enfréntalos; si te tocan indebidamente en la vía pública, grítalo; si sientes que estás siendo víctima de abuso o violencia por parte de algún familiar, empleador, tu pareja o quien sea, PIDE AYUDA.

No estás sola, somos muchas, miles, millones. Y mañana miércoles saldremos a marchar, porque estamos a 2016 y aún tenemos que luchar por #NiUnaMenos.

Y hasta que no haya igualdad real, las “feminazis” seguiremos manifestando nuestro malestar.

Cami Navarrete

Mami chula de este blog. Periodista picá a fashonblagger que gusta hacer reviews de productos de belleza, ir a conciertos, bailar en el agua y los perritos.

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